Hoy día, en pleno siglo XXI, continúa la polarización
dicotómica sobre pertenecer o no a determinado grupo político/ideológico que
logre posicionar los intereses partidistas o electorales de turno para llevar a
cabo agendas que, en muchos casos, nada tienen que ver
con los países donde se dan estas pugnas por el poder y que, en nombre del ciudadano, pretender imponer sus pensamientos, sobre el de otros -o los otros- sectores que sirven de antítesis al juego político del momento.
con los países donde se dan estas pugnas por el poder y que, en nombre del ciudadano, pretender imponer sus pensamientos, sobre el de otros -o los otros- sectores que sirven de antítesis al juego político del momento.
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Ante esto,
es necesario recordar el origen real de las expresiones que sirven de génesis a
todo planteamiento político o ideológico actual: la izquierda y la derecha,
teniendo lugar en la convulsionada Francia, recién en las primeras semanas de
la Revolución Francesa, donde los absolutistas (quienes creían en el derecho
del rey a gobernar) se situaban a la derecha de la recién formada Asamblea
Nacional Francesa, mientras que la oposición (anti monarquía) se situaban a la
izquierda, siendo este grupo liderado, entre otros, por el celebre Robespierre,
por otro lado, el grupo que no estaba definido con ninguna posición, se situaba
en el centro, estas “facciones” se enfrentaban en la conformación del periodo
que llevó a Francia a grandes cambios, no sin antes dar lugar a varios
enfrentamientos armados internos y guerras con otros imperios de la época.
Así pues,
surgieron las famosas expresiones que hoy, son usadas de manera indiscriminada
para tildar -a veces de manera despectiva- al otro, sin embargo, resulta
evidente que el mundo no es tan simple, la humanidad no es de tan solo dos
pensamientos, las tonalidades grises y la complejidad de las posiciones de cada
persona se originan según múltiples factores que pueden tener en cuenta el
país, la región, la cultura, la historia y las circunstancias propias que hubiere.
Hoy por
ejemplo, existen personas que se autodenominan “de izquierda” apoyando o siendo
cómplices de regímenes autoritarios o tiranos por el simple hecho de llamarse a
sí mismos “de izquierda”, véase el caso de Venezuela, o personas “de derecha”
que dicen creer en la libertad y se asumen demócratas pero añoran regímenes
como el de Pinochet en Chile, entonces surge la interrogante, ¿Se evidencian
fuertes contradicciones entre sus propios postulados o confunden el espectro
político al cual se inclinan?. La respuesta va a depender de los intereses
reales de cada grupo.
Ahora bien,
¿debemos pertenecer a determinada “corriente ideológica” para defender
postulados de manera coherente? En lo absoluto. Basta con tener principios
propios que transciendan las ideologías y vayan mas allá de los planteamientos
políticos o electorales del momento, es allí, donde se plantean verdaderas
propuestas sin someterse a alineación partidista alguna y tener suficiente
autoridad ética o moral para denunciar cualquier hecho, evento sin temor a ser
encasillados.
De eso se
trata ser activistas por los Derechos Humanos, en el caso que nos ocupa, como movimiento
organizado, pero más aún, de eso se trata ser ciudadanos. No podemos permitir
que nos encasillen.

